Hay una historia que circula sobre Lanzarote y sus viviendas vacacionales. Una historia que habla de caídas, de casi mil alojamientos perdidos en un año, de un giro en el modelo turístico de la isla. Es una historia atractiva. Tiene datos reales. Pero, como pasa muchas veces, no es exactamente la historia completa.
Vayamos por partes.
El dato que todo el mundo cita
El Cabildo de Lanzarote anunció a principios de 2026 que había retirado 896 viviendas vacacionales del mercado turístico entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025. Los números del registro insular oficial lo confirmaban: se pasó de 8.209 a 7.313 alojamientos disponibles en plataformas. Casi 900 viviendas menos. Cercano al 11 %. Así quedó en los titulares.
El problema es lo que esos números no dicen.
Lo que esos datos significan realmente
Esa cifra —de 8.209 a 7.313— no refleja el total de viviendas vacacionales registradas en la isla. Refleja las que estaban disponibles para reservar en plataformas en ese mes concreto. Y ese número fluctúa cada mes.
¿Y el total registrado? Pues bien… ese sí que creció. Y mucho. Según los datos del Gobierno de Canarias en Canarias Datos Abiertos, Lanzarote cerró 2025 con más de 11.000 viviendas vacacionales registradas. En junio de 2023 había alrededor de 5.200. Es decir: en dos años y medio, el parque de viviendas vacacionales de la isla prácticamente se duplicó. Un aumento de más del 113 %.
Así que la isla no ha perdido casi mil viviendas vacacionales. Lo que ocurrió es que, de las más de 11.000 registradas, unas 900 dejaron de aparecer activas en plataformas durante ese periodo, en gran parte por acción administrativa.
¿Por qué se retiraron esas viviendas?
No fue el mercado el que las expulsó. Fue el Cabildo, a través del Área de Ordenación del Territorio, que intensificó la inspección. Las razones: viviendas sin licencia de actividades clasificadas —obligatoria para operar legalmente— o que no estaban inscritas en el Registro de la Propiedad, requisito imprescindible para su regularización turística.
Depuración administrativa, en resumen. No una tendencia de mercado ni un cambio de ciclo económico.
La propia oposición en el Cabildo lo ponía en perspectiva con dureza: «Es una desvergüenza presumir de 900 menos cuando bajo esta gestión han entrado casi 6.000 nuevas viviendas vacacionales». Un balance que nadie puede ignorar.
El contexto que sí importa: la nueva ley
Lo que sí ha cambiado de verdad es el marco normativo. En diciembre de 2025 entró en vigor la Ley de Ordenación Sostenible del Uso Turístico de las Viviendas, aprobada por el Parlamento de Canarias. Una semana después de su entrada en vigor, las nuevas altas en el registro comenzaron a frenarse de forma visible.
Esta ley introduce requisitos más estrictos, posibles limitaciones por zonas y mayor control administrativo. Es pronto para saber cuánto cambiará el panorama. Pero sí parece que el crecimiento descontrolado de los últimos años ha llegado a su límite, al menos en términos normativos.
Lo que sí es sólido: ingresos y ocupación
Aquí no hay engaño. Durante el último año, la vivienda vacacional en Lanzarote generó cerca de 273 millones de euros, según el ISTAC. La tasa de ocupación se mantuvo entre el 85 % y el 97 % a lo largo de todo el año. Son cifras que hablan de un sector que, a pesar de todo el debate político y social, sigue funcionando con gran solidez económica.
Menos unidades activas en plataformas, sí. Pero las que operaron, trabajaron a pleno rendimiento.
El trasfondo que no desaparece: la vivienda para vivir
Y aquí viene la pregunta que de verdad incomoda. Si hay más de 11.000 viviendas registradas como vacacionales en una isla con los problemas de acceso a la vivienda que tiene Lanzarote… el debate es legítimo y urgente.
Los residentes, los trabajadores, los jóvenes que buscan un alquiler razonable: todos llevan años denunciando una situación que se ha vuelto insostenible en muchos municipios. La expansión del alquiler vacacional no es la única causa, pero tampoco es un factor menor.
Que una parte de esas viviendas salga del mercado turístico y pase al residencial sería una buena noticia. El consejero de Ordenación del Territorio del Cabildo lo apuntó así. Pero la realidad es que eso no pasa de forma automática, y los problemas estructurales de oferta en la isla llevan años sin respuesta suficiente.
Entonces, ¿hay cambio de tendencia o no?
Con los datos sobre la mesa: el crecimiento explosivo parece haberse detenido, sí. Pero no porque el mercado haya dado marcha atrás, sino porque la ley llegó —tarde, después de una explosión del 113 %— para poner freno.
Si esa estabilización se convierte en una reducción real del parque vacacional y en un alivio para el mercado residencial, dependerá de cómo se aplique la nueva normativa, de la coordinación entre administraciones y de decisiones políticas que aún están por tomar.
Lanzarote tiene un problema de vivienda serio. Tiene también un turismo que genera mucha riqueza. Y tiene por delante la tarea de hacer que ambas cosas convivan sin que una se coma a la otra.
Eso sí es un debate que merece toda la atención. Pero para tenerlo bien, primero hay que tener los datos correctos.
Fuentes: Cabildo de Lanzarote, Canarias Datos Abiertos, ISTAC, La Voz de Lanzarote, El Diario.